Con el corazón abierto

Por P. Ed Liptak, SDB

Las Escrituras de hoy nos enseñan a ser conscientes de que siempre hay quienes están listos para atacarnos. Buscamos vivir rectamente de maneras que agraden a Dios. Pero hay enemigos influyen nuestras almas para coquetear con el mal, para que cometamos pecado. Si esto lo permitimos que suceda, nos encontraremos frente de las puertas del infierno, con ganas de entrar en los reinos de las tinieblas y el odio, listos para una terrible eternidad. El Libro de la Sabiduría nos advierte, ¡cuidado! Los impíos probaron a Cristo con tormentos: ‘Veamos si Dios ayuda a este hombre justo‘. Del mismo modo, nos prueban con los placeres de los caminos pecaminosos, pero estos abren la puerta al tormento eterno del infierno.

Santiago advirtió a los cristianos que no permitieran que los celos o la ambición egoísta controlaran sus vidas. Esto lleva a la agitación, a los corazones cerrados a la paz y a la justicia. Preguntó de dónde vienen la guerra y los conflictos y respondió, de la pasión. Enumeró lo que causa el egoísmo: el deseo por las posesiones de los demás, el asesinato, la lucha, la guerra, las peticiones sin respuesta, o si se responde, el uso de las ganancias solo para satisfacer las pasiones. En lugar de esto, Santiago ofrece lo que uno obtiene al actuar con la Sabiduría piadosa: paz, mansedumbre, disposición a estar de acuerdo, misericordia y obras abundante-mente  buenas. El Apóstol lo declaró muy bien: “El fruto de la justicia se siembra en paz para los que la cultivan”.

En el evangelio, San Marcos presentó a Jesús a su regreso a Galilea después de su estancia en territorio pagano. Lo hizo en silencio, instruyendo a sus apóstoles en el camino y diciéndoles: “El Hijo del Hombre será entregado a los hombres, y lo matarán, y tres días después de su muerte el Hijo del Hombre resucitará“. Marcos, muy probablemente informado por Pedro, añadió sólo que los discípulos no podían entender lo que Jesús quería decir, pero tenían miedo de interrogarlo. Podríamos añadir: “Sin embargo, creyeron fielmente”.

Cuando llegaron a Cafarnaúm y entraron en la casa de Pedro, Jesús continuó enseñando y les preguntó: “¿De qué discutían en el camino?” No respondieron porque estaban discutiendo sobre quién era el primero. Se sentó con los Doce y les enseñó lecciones de humildad, que son buenas para todos nosotros. Los que quieren ser los primeros pueden terminar siendo los últimos. Así como él recibió a un hijo humilde, así ellos deben aceptar a los humildes. Al hacerlo, lo aceptan a Él y más. Ellos también aceptan a Su Padre. Alcanzan la salvación.

Que te sirvamos, Señor, con todo nuestro corazón.