(Los Angeles, California) Por el P. Damien Ho, SDB, Equipo Vocacional de la Inspectoría
Querida Familia Salesiana:
Cuando la Iglesia habla hoy de vocación, nos invita a algo más profundo que los programas o el reclutamiento. ¡Ella nos llama a cultivar una cultura! Y en esta cultura, estamos llamados a crear un entorno en el que los jóvenes puedan escuchar la voz de Dios, confiar en su invitación y responder con libertad y alegría. Esto comienza con nuestro testimonio, viviendo nuestra propia vocación de forma plena y fiel.
En el fondo, la cultura vocacional comienza en la familia. Estudios de la Conferencia Nacional sobre Vocaciones Religiosas en sus siglas en Inglés (NRVC) muestran que la vida de fe de la familia es una de las influencias más fuertes en la apertura de los jóvenes a su vocación. Los padres que dan testimonio de la oración diaria, el amor y el servicio, ofrecen a los jóvenes una imagen concreta de lo que significa seguir a Cristo.
Como miembros de la Familia Salesiana, también compartimos esta responsabilidad. Siempre que sea posible, podemos animar a las familias a ser protagonistas del discernimiento de sus hijos. Quizás esto pueda concretarse planteando preguntas sencillas y vivificantes como: ¿Qué te da alegría? ¿Por qué estás agradecido? ¿Dónde sientes que Dios está actuando en tu vida? ¿Cómo te está llamando Dios a amar y servir a los demás? Al mismo tiempo, reconocemos que no todos los jóvenes reciben este tipo de acompañamiento en casa. En estos momentos, la Familia Salesiana se convierte en una familia espiritual ampliada. A través de nuestra presencia y nuestra escucha paciente, podemos ayudar a los jóvenes a reconocer que sus vidas tienen sentido y dirección. Como nos recordaba Don Bosco, «no basta con amar a los jóvenes; ellos deben saber que son amados». Cuando los jóvenes se sienten conocidos y amados, se vuelven más abiertos a plantearse la pregunta más profunda de la vocación y a confiar en que la llamada de Dios es para su bien.
El Papa Francisco nos recuerda en Christus Vivit que el auténtico discernimiento vocacional crece a través del acompañamiento: caminando con los jóvenes, escuchándolos sin juzgarlos y ayudándolos a reconocer cómo Dios ya está obrando en sus vidas (cf. Christus Vivit, §§220-226). Esta forma de acompañamiento es profundamente salesiana. No apresuramos el discernimiento ni imponemos respuestas. En cambio, creamos espacios donde los jóvenes pueden reflexionar, orar, servir y sentirse parte de algo. Todo esto es, por supuesto, el trabajo y el fruto de la experiencia del oratorio salesiano, donde los llamados a acompañar a los jóvenes viven su fe con alegría e integridad.
En este sentido, la pastoral juvenil salesiana es animación vocacional. La vocación no es una capa añadida a nuestra pastoral; es el fruto de ella. Cuando nuestras escuelas, parroquias, centros juveniles y programas fomentan la oración, el servicio a la comunidad y las relaciones significativas, los jóvenes comienzan naturalmente a preguntarse: ¿A qué me llama Dios a hacer con mi vida? Dado que la pastoral salesiana es pastoral juvenil, todos los que formamos parte de la familia salesiana: hermanos, hermanas, cooperadores, padres, educadores, voluntarios y otros colaboradores laicos, compartimos la responsabilidad de fomentar esta cultura.
En resumen, los jóvenes se sienten atraídos por las vidas vividas con alegría. Antes de invitar a otros a discernir, debemos vivir primero nuestras propias vocaciones con autenticidad. Una presencia Salesiana alegre se convierte en la invitación más convincente de todas. Como recordó el Papa Pablo VI a la Iglesia: «El hombre moderno escucha más a los testigos que a los maestros, y si escucha a los maestros, es porque son testigos».
Como Familia Salesiana, que sigamos siendo lugares de acogida y confianza, donde se acompaña con paciencia, se invita con valentía y se apoya con generosidad a los jóvenes en su búsqueda de descubrir a que son llamados a ser por Dios.
